Despertar la sonrisa en un niño

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Despertar la sonrisa en un niño
El Hospital Reina Sofía de Córdoba acoge un taller de cocina infantil.

Los menores se divierten elaborando dulces caseros ayudados por los alumnos de la Escuela de Hostelería de Bodegas Campos

Cuando un niño sonríe trasmite una energía especial que emociona a cualquier ser humano y hace que sienta nostalgia y recuerde momentos felices vividos durante su más tierna infancia. Esa sensación recorría el cuerpo de muchos de los asistentes ayer al taller de los sentidos organizado en el hospital materno infantil del Reina Sofía por Bodegas Campos.

Los padres y las madres de los niños ingresados en el complejo hospitalario, así como el personal sanitario, disfrutaron viendo cómo los más pequeños vivían un día muy especial y olvidaban la difícil realidad que a todos les rodeaba.

Así, un año más, los niños pudieron divertirse elaborando dulces con la ayuda de los alumnos del curso de jefes de cocina de la Escuela de Hostelería de Córdoba, que después regalaron a sus allegados con una gran satisfacción y alegría.

Las golosinas fueron las protagonistas de este taller y no faltaron en ninguna de las tartas elaboradas por los pequeños, acompañadas también de la nata y el chocolate. Todo un manjar para el paladar aunque para conseguirlo fuese necesario utilizar un gorro de cocina y ensuciarse las manos con todo tipo de productos alimentarios.

Siempre es divertido el poder experimentar sensaciones y disfrutar de ricos olores como los que ofrece un buen pastel, por ello Celia Jiménez, profesora de la Escuela de Hostelería y organizadora de la actividad, explica que "lo que más le gusta a los pequeños son los dulces caseros" y en sus sonrisas se aprecia esa felicidad que aportan los momentos de ocio que para algunos suponen pequeñas instantáneas en su vida.

Para un éxito asegurado es necesaria la colaboración de un profesional que eche una mano, demostrando así que el trabajo en equipo funciona y tiene sus resultados. Los alumnos de la Escuela de Hostelería elaboraron los bizcochos y rellenos para que los niños pudieran decorar después las tartas y disfrutaran de una actividad pensada para hacer más amena su corta o larga estancia en el hospital cordobés.

Pero en este taller había algún invitado más como eran los sentidos. Celia Jiménez explica que "el tacto, el gusto y el olfato están muy relacionados con el mundo culinario", de ahí procede el nombre de la actividad El taller de los sentidos , porque es necesario que a nadie le amargue un buen dulce y mucho menos el chocolate.

La edad de los participantes era muy variada. Los más pequeños rondaban los cuatro años y los mayores, los nueve y aún no habían experimentado un acercamiento al mundo de la cocina. Están acostumbrados a comer dulces, pero en ningún caso pasteles elaborados por ellos mismos. Quizás a raíz de esta apasionante experiencia en un futuro aún lejano alguno de los pequeños decida sumergirse entre los fogones de una inmensa cocina para el deleite de otros paladares.

Fuente: El Diario de Córdoba"