La ropa sucia no se lava en casa

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Manuel Touriño y Miguel Ángel Herrera

Antes de que externalizar y centralizar los servicios no sanitarios, como laboratorios y técnicas de imagen, fuera lo común, Madrid ya contaba con un recurso pionero: la Lavandería Hospitalaria Central, que da servicio a 13 de los hospitales madrileños y que, con casi cuatro décadas de historia, afronta ahora el reto de ser cada día más eficiente y respetuosa con el medio ambiente y las personas. Para ello ha realizado una fuerte apuesta por la mecanización y la tecnología, y prepara una auditoría para certificar su calidad medioambiental.

Lo que empezó en 1973 siendo un centro ocupacional para accidentados de trabajo del Instituto Nacional de Previsión hoy es un centro en el que trabajan cerca de 360 empleados y que procesa hasta 36.000 kilogramos de ropa diaria. Se trata de la Lavandería Hospitalaria Central de la Comunidad de Madrid, que da servicio a 13 hospitales de la región y que es la más grande de España y una de las mayores de Europa.

"Al principio había talleres, imprenta y lavandería, pero poco a poco fue aumentándose el volumen de ropa porque se sumaban más hospitales, y se dejó solamente con esta función", explica a Diario Médico su director gerente, Miguel Ángel Herrera. Así fue desde 1975, y tres años después se había quintuplicado el volumen de ropa tratada, llegando a los cinco millones y medio de kilos anuales, cifra que hoy se sitúa en aproximadamente el doble.

En los 90 arrancó la transformación y modernización de las instalaciones, pero no fue hasta la segunda mitad de la década cuando "se decidió realizar una fuerte inversión para renovar completamente la planta, construyendo un nuevo edificio en la misma parcela donde estaba el anterior, pero más moderno y con mucha más capacidad". Costó diez millones de euros -entonces, más de 1.600 millones de pesetas- y dio lugar en 1997 a un recurso regional aunque autónomo, ya que "cuenta con gestión y presupuesto propios y administración independiente, lo que, unido a la centralización y la economía de escala, nos hace ser más eficientes", afirma Manuel Touriño, director técnico. En este sentido, Herrera considera que "los hospitales son espacios sanitarios; los servicios generales están mejor fuera".

Desde 1999 la lavandería cuenta con la certificación de calidad ISO 9.002, que en 2003 transformó en 9.001-2000. Ahora espera con una mezcla de nerviosismo e ilusión la auditoría de Aenor para la norma 14.001, de gestión medioambiental, prevista para el mes que viene. "Consumimos mucha agua -700.000 litros diarios-, productos de limpieza -300.000 kilos anuales- y plásticos, y además de ser más eficientes para generar ahorro, tenemos un compromiso con el medio ambiente", explica el gerente. Así, los detergentes utilizados son biodegradables, los vertidos se tratan y depositan en el colector del Canal de Isabel II, y las bolsas en que viene la ropa sucia se compactan y venden a una empresa de reciclado. Además "algunos hospitales ya las están cambiando por bolsas de tela lavables, y tenemos previsto cambiar el plástico de envolver la ropa limpia por flejes de papel".

En este sentido trabaja también el control de calidad de la lavandería, que realiza "análisis químicos de los procesos y los productos, así como controles al azar de las prendas", según su responsable, Isabel Gil.

Asimismo, la lavandería hace una firme apuesta por la tecnología "para facilitar el trabajo y el rendimiento, reduciendo las tareas más penosas para el personal", como desenrredar las sábanas, algo que hace ya una máquina. Del mismo modo, todo el servicio se gestiona mediante un sistema informático que permite controlar la ropa sabiendo durante todo el circuito de qué tipo es -sábanas, prendas pequeñas, uniformes, batas- y a qué hospital pertenece.

También se cuidan las condiciones de trabajo en lo que respecta a las instalaciones, ya que "gracias a los techos altos y al sistema de refrigeración no se alcanzan las altas temperaturas frecuentes en este tipo de servicios", explica Touriño. Además, más del 10 por ciento de la plantilla son personas discapacitadas, y cuenta con 90 puestos de trabajo adaptados.

Un proceso eficiente
1) Manuel Touriño -director técnico- y Miguel Ángel Herrera -gerente-, sobre el área de ropa limpia de la lavandería. Al otro lado de la llamada barrera sanitaria, el personal se encarga de sacar las prendas de las bolsas en que llegan desde los hospitales (2), clasificarlas según el tipo de ropa (3) y prepararla para su entrada en los túneles de lavado (4), donde detergente, suavizante, lejía y agua oxigenada se administran mediante un sistema informático (5). También por ordenador se sabe en el puesto de control a qué hospital pertenece cada saco de ropa, dónde se encuentra y cuánto pesa (6). Después, una vez limpia, prensada y secada, la ropa se plancha (7), ordena (8) y pliega (9) para, una vez empaquetada, devolverla a su correspondiente hospital (10).

13 centros
La Lavandería Hospitalaria Central ha ido sumando hospitales a los que dar servicio -el último, el Clínico San Carlos- hasta sumar 13. Además del mencionado, maneja la ropa de La Paz, La Princesa, el Príncipe de Asturias, el Severo Ochoa, Getafe, Santa Cristina, Carlos III, Virgen de la Torre, Cantoblanco, el Instituto Cardiológico y el Niño Jesús. Realiza 30 viajes diarios con sus nueve camiones. Para garantizar las condiciones óptimas de las prendas, la lavandería cuenta con una central térmica productora de vapor y una depuradora de aguas propia.

Fuente: 

Rosalía Sierra (diariomedico.com)

Lavandería Hospital Central
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