La bata blanca pierde adeptos entre los médicos, pero los pacientes la prefieren

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La bata blanca pierde adeptos entre los médicos, pero los pacientes la prefieren
Fuente: Suplemento de EL MUNDO
Autor: ISABEL PERANCHO

Si se le pide a un médico que cite cuáles son los símbolos de su profesión, la mayoría elegirá el juramento hipocrático. Si la pregunta se traslada a la calle, entre las probables respuestas figurarán el estetoscopio y el maletín negro. Pero el símbolo más reconocible es, sin duda, una bata blanca adornada con un oscilante fonendoscopio.

Esta vestimenta sigue gozando de gran predicamento en los hospitales españoles, pero cada vez son más los que no la descuelgan del perchero en instituciones de países como Reino Unido y Australia. Algo similar está ocurriendo en nuestros centros de salud, donde muchos médicos han optado por prescindir del uniforme sanitario a la hora de recibir. "Es muy habitual que no se use. Nuestros pacientes nos conocen y no necesitan identificarnos por el uniforme", explica Fermín Quesada, médico de familia del centro Cartuja de Granada.

HIGIENE. Las razones que aducen los profesionales para arrinconar esta prenda son, además de su papel como elemento de barrera en la comunicación con el enfermo, su potencial contaminante. Aunque su color inmaculado podría sugerir más higiene, esto no es exactamente así. De hecho, algunos estudios han encontrado colonias de bacterias peligrosas en las mangas y bolsillos de las vestimentas de médicos de hospital, si bien no existen ensayos que evidencien que se hayan producido infecciones por este motivo.

Y eso que el éxito de esta prenda y su rápida adopción como uniforme sanitario obedeció a esta causa. La bata blanca se introdujo en la profesión médica a finales del siglo XIX cuando la ciencia irrumpió en la Medicina y los galenos tomaron como propia la vestimenta del laboratorio. El propósito inicial era proteger al paciente y al médico de una potencial contaminación cruzada. Cuando los hospitales dejaron de ser un lugar a donde ir a morir y se convirtieron en centros donde se curaba, pasó a ser un potente símbolo de autoridad científica y poder curativo.

Con la democratización de la Medicina, muchos otros profesionales sanitarios (enfermería, auxiliares) se sumaron al traje blanco, con lo que perdió su virtud como elemento identificador. "Resulta que, como los pacientes no podían distinguir quién era el médico porque todos íbamos de blanco, acababan contando sus cosas a los celadores", explica un facultativo de un hospital madrileño. De hecho, en el 80% de los centros nacionales sigue vigente este sistema.

Por eso, los nuevos establecimientos, como el Hospital de Fuenlabrada (Madrid), han incorporado colores diferentes en función de cada categoría. "Sólo el médico lleva la bata blanca.
Los demás usan pijamas", explica Ana Carrascosa, jefa de Hostelería del mencionado centro. El de enfermería es blanco, el de auxiliar de clínica azul, el de los celadores, azul celeste y crema el de los técnicos de laboratorio y radiología.
También los hay salmón y gris para otros miembros del staff. La elección no obedece al azar. "Se eligieron colores cálidos que confieren más confianza y tranquilidad", puntualiza Carrascosa.

Otra ventaja que citan los que la usan es que en sus bolsillos caben infinidad de útiles que conviene tener a mano. "Puedes distinguir a qué disciplina pertenece su portador por lo que guarda en la bata. Un cirujano apenas lleva nada, pero los internistas van a tope con el fonendo, un manual, el móvil, el busca, el martillo de reflejos, el oftalmoscopio...", comenta un médico madrileño.

Su significado simbólico empezó a causar problemas a la prenda blanca a finales de la pasada centuria debido a su efecto sobre la dinámica de la relación entre el médico y el paciente en la consulta. A consecuencia de estas investigaciones, muchos psiquiatras y pediatras decidieron dejar de utilizarla para facilitar el diálogo con sus visitantes.

Pero la sorpresa es que mientras los facultativos reniegan de ella, los usuarios la defienden. Los resultados de un sondeo realizado entre 400 pacientes de un hospital londinense, publicada en 'Postgraduate Medical Journal', revelan que más del 50% prefiere que sus médicos la lleven, sobre todo para facilitar su reconocimiento y porque les hace parecer más profesionales. El gusto por el uniforme tradicional es mayor entre los de más edad. A la población joven, la apariencia de su galeno le preocupa menos. Sólo 11 encuestados consideraron que la presencia blanca les incomodaba en su relación. ¿Qué hacer entonces? "Recomendamos que el médico decida cuándo ponérsela, en función del paciente y de cómo se sienta él de cómodo", apunta Ana Sobrino, coordinadora nacional del Grupo Comunicación y Salud."