Externalización Versus privatización de servicios públicos sanitarios

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Externalización Versus privatización de servicios públicos sanitarios

Como cuestión previa hemos de dejar claro que el concepto “externalización”,
no deja de ser un eufemismo ya que no viene en el diccionario de la RAE,
donde sí figura “privatización” como el “hecho de privatizar” que se define como
“hacer que una empresa o servicio público pasen a ser privados”, y creo que no
vale decir aquello de que “siguen financiados por el Estado”, cuando entre la institución
pública y el ciudadano se ha “colado”, como intermediario un concesionario
o prestatario, que mide su cuenta de beneficios en euros, porque entonces estamos
poniéndole precio a lo que no debe tenerlo. Por lo tanto, a partir de ahora, llamemos
a las cosas por su nombre.

En los últimos tiempos hemos asistido a un grave proceso de privatización de
Servicios Públicos Sanitarios que día a día ha ido socavando los cimientos de un
Estado del Bienestar que tanto costó levantar. Lo que más me ha llamado la atención
en los últimos años, ha sido contemplar con estupor como la ciudadanía se
ha dedicado a contemplar impasible como se convertían en negocios privados,
instituciones que habíamos pagado entre todos a lo largo del tiempo, para conseguir
que cualquier ciudadano, simplemente por el hecho de serlo, tuviera acceso a
la mejor sanidad, a la mejor educación, al mejor transporte, a la mejor justicia, a la
mejor seguridad social, en resumen, a los mejores servicios públicos. A la sazón,
y refiriéndome exclusivamente al ámbito sanitario, solo hemos visto a las “mareas
blancas” (algunos miles de trabajadores de la sanidad pública) manifestarse una y
otra vez en la calle contra este proceso que llegó a perecer inexorablemente en
manos de este gobierno, y que solo el corporativismo de un colectivo tan potente
como los médicos ha podido frenar, eso sí, judicializando el problema.


Y cuando me pregunto, ¿cómo es posible que estos cambios en algo tan
sensible, tan importante para las personas, como la Sanidad, no hayan provocado
una contestación social más intensa y determinante?, solo encuentro una respuesta,
y esta sería la falta de conciencia en la trascendencia del problema, debido
a una clara falta de información sobre el mismo. Por ello, he considerado la
posibilidad de aportar desde las páginas de norTe/noticias, unas reflexiones
desde mis humildes conocimientos del tema que, por su complejidad, dividiremos
en varios capítulos. El objetivo último y más importante es plantear que, en cualquier
circunstancia y en todo caso, existen alternativas a la privatización de servicios
públicos para optimizar recursos, recursos que son propiedad de todos los
ciudadanos y que están gestionados por la Administración Pública.


Ciñéndome a la sanidad y sobre todo a los servicios no asistenciales de la
misma que son los más susceptibles de privatizar y los que, por mi larga experiencia
profesional de cuarenta años, más conozco, no puedo entender porque otros
países de nuestro entorno en la UE, se modifican los modelos y criterios de gestión,
manteniéndolos desde el control y la tutela del propio Estado, incluso generando
sus propios recursos, y nosotros no.

Estos artículos van a tratar de analizar la incidencia que está teniendo en la
Administración General del Estado la privatización de servicios públicos, enfocándolo,
fundamentalmente, en el sector sanitario y, dentro de éste, en los servicios
no asistenciales del mismo (hostelería, dietética, residuos, limpieza, uniformidad y
ropa hospitalaria, comunicación, mantenimiento, etc.). Son aquellos servicios que
el paciente es capaz de evaluar con todo rigor desde el concepto de calidad percibida
por el usuario, de manera que un paciente, en la inmediatez, quizá no sea
capaz de medir si se le cura o no, pero si es capaz de determinar si se le cambian
las sabanas, si la comida es suficiente, si le llega caliente, si le limpian la habitación,
etc. etc. Recordemos una de las frases más clásicas cuando llega el visitante,
familiar o amigo a la habitación: “¿Qué tal te dan de comer?... Los sistemas de
confort hospitalario ayudan, sin duda, a la recuperación del paciente hospitalizado
y es altamente peligroso convertir a estos en un negocio para terceros.

Siempre hay un principio de causalidad en todas las cosas, la respuesta al
cómo hemos llegado hasta aquí no es fácil, pero para entender los porqués
deberíamos de comenzar por analizar la crisis de la Administración Pública de
manera que no se debería hablar de privatización de servicios públicos sin
hablar previamente de la crisis en que se encuentra inmersa la Administración
Pública tradicional, no se trata solo de la búsqueda de ahorro y eficiencia, se
trata de buscar nuevos modelos de gestión que den respuesta a la aparente
incapacidad de la Administración de cumplir los propio cometidos que la sociedad
le exige.

Tampoco debemos desligar el problema de un proceso de profundo
contenido ideológico neoliberal en el que el capital privado ha descubierto
un gran negocio en la asunción de determinadas funciones que, hasta el
momento, han sido asumidas en el ámbito exclusivo de la Administración, y
que, y esto es muy importante, desde determinados medios de comunicación
se ha venido generando un estado de opinión proclive a la externalización
desacreditando a la propia capacidad de la Administración para asumir
sus propias responsabilidades. Desde determinadas instancias políticas se
ha desacreditado de tal forma la eficacia de la Administración “que los propios
funcionarios han sido convertidos en culpables y victimas al mismo
tiempo”.

La necesaria reforma de la Administración Pública española no ha sido acometida
por ninguna fuerza política y ha sido mucho más cómodo y “políticamente
correcto” poner en manos de terceros de buena o mala fe, funciones que se
podrían haber desarrollado con medios propios, si hubiera existido voluntad política
para ello. A veces da la sensación de que la propia Administración se ha convertido
en enemiga de la política, quizá porque los políticos la han utilizado como
instrumento político al servicio de determinados intereses ideológicos en vez de
apoyarla como instrumento social al servicio de los ciudadanos.

La realidad es que la Administración actual se ha convertido en un vehículo
pesado y lento, incapaz de dar las respuestas adecuadas que la sociedad demanda.
Es irrenunciable modernizar sus estructuras y adecuarlas a los nuevos tiempos.
Sin embargo, al día de hoy no ha existido un pacto de Estado entre los partidos
políticos para determinar el modelo de Administración que necesitamos.

Son varios los enfoques o perspectivas que admite la denominada crisis de
la Administración Pública tradicional. Desde un punto de vista estrictamente funcional,
se identifica la crisis del modelo con su necesidad de modificar constantemente
su actividad, ante el paulatino incremento y la permanente evolución de las
demandas ciudadanas (Brugué, 2011).

Tiene también la crisis de la Administración su vertiente eminentemente
económica o presupuestaria. En estos tiempos de escasez y recortes presupuestarios,
las exigencias de los propios ciudadanos chocan directamente
con los recursos disponibles, lo que implica la búsqueda ineludible de nuevos
modelos de gestión que, a menudo, no dan respuesta a las propias necesidades.

Podemos decir que mientras que a lo largo del siglo XX en Europa Occidental
se operó el cambio de un Estado liberal, no interventor en lo económico y asistencial
en lo social, a un Estado social, económicamente interventor y socialmente
prestador directo de servicios, el proceso actual, en sintonía con las recetas neoliberales
de reducción del aparato público, nos dirige hacia un Estado relacional
(Osborne y Gaebler, 1994), donde el Estado se convierte en un regulador de la
economía para velar por el buen cumplimiento de la ley de mercado, y en un gestor
indirecto de servicios públicos.

Al hilo de esta cuestión y desde un punto de vista ideológico, cabría distinguir
dos enfoques distintos para la crisis de la Administración, desde las posiciones
neoliberales y desde posiciones más progresistas. Pero esto será objeto del
siguiente capítulo. Por ahora, solo les deseo salud en estas fiestas, ¡casi nada!
Eso es lo más importante.

José Luis Iáñez Galán

Fuente: 

Norte Noticias (479), 18 de diciembre de 2014.